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Sacco y Vanzetti y Baltasar Garzón

· 12 March 2012 |  by Janantoon
· Published in: mensenrechten · politiek · textos en castellano
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Me crucé con la nombre de Felix Frankfurter en dos ocasiones. En las cartas publicadas de Isaiah Berlin (Enlightening) encontré una larga correspondencia amistosa entre ellos. Frankfurter nació en Viena en 1882, pero ya emigró a los doce años a Nueva York. Estudió en la Facultad de Derecho de Harvard y fue un eminente, aunque a veces polémico, letrado. En 1939 fue nombrado para el cargo judicial más alto en los EEUU, juez de la Corte Suprema. En el año académico 1933-34 fue profesor visitante en Oxford y entonces se inició su amistad con Isaiah Berlin.
Otra señal fue Jan Karski. Jan Karski fue testigo de la exterminación en masa de Judíos en Polonia, ya en 1942. Un testigo, sino también un mensajero. La resistencia polaca le ordenó transmitir este mensaje al mundo. Se reunió con Anthony Eden, Secretario de Exteriores británico, los líderes judíos en Londres y Nueva York, hasta al presidente Roosevelt. Pero no le creen, no quieren creerle. Saben pero no quieren saber.
Jan Karski también se encontró con Félix Frankfurter, juez de la Corte Suprema, también judío. Después de que Frankfurter había escuchado atentamente la historia de la destrucción de los Judíos polacos, dijo: “I am unable to believe you”.

Felix Frankfurter era un observador muy crítico con el juicio de Sacco y Vanzetti. En marzo de 1927 publicó The case of Sacco and Vanzetti, que denunciaba el comportamiento del juez Webster Thayer. Pero también se quejó de que el sistema legal impidiera la posibilidad de un nuevo juicio. En la penúltima página, escribe:

All systems of law, however wise, are administered through men, and therefore may occasionally disclose the frailties of men. Perfection may not be demanded of the law, but the capacity to correct errors of inevitable frailty is the mark of a civilized legal mechanism.

Este libro fue publicado por primera vez en marzo de 1927 y yo tengo la sexta edición de septiembre de 1927. Era una historia apasionante, y sigue siendo relevante.
El caso de Sacco y Vanzetti dio lugar a ánimos caldeados en los EEUU sino también en el resto del mundo, como pronto quedó claro que se trataba de un proceso político. El tribunal con una agenda oculta. Dado que la evidencia en el caso de asesinato era muy escasa e indirecta, y declaraciones de los testigos fueron manipulados por la policía. Durante el juicio el juez Thayer permitió que el fiscal hinchara las ideas anarquistas de los acusados.
En los años veinte Estados Unidos estaba en las garras de la Amenaza Roja (Red Scare). Después de la revolución bolchevique en 1917 temas como comunismo, socialismo y anarquismo fueron muy delicados. En los años veinte había una verdadera caza de brujas rojas. Sacco y Vanzetti eran anarquistas, pero nunca habían cometido delitos. También habían evadido el servicio militar obligatorio (para luchar en Europa en la primera guerra mundial) ya que como anarquistas rechazaban la guerra. Y ahora le podrían tender una trampa. Quien a su perro ha de matar, rabia le ha de levantar.
El jurado de ciudadanos respetables pronto les encontraron culpable (¿de qué?) a estos anarquistas y extranjeros.

¿No hace pensar en los recientes juicios del juez español Baltasar Garzón? El valiente juez que abordaba casos como Pinochet, las drogas, la ETA, los crímenes del franquismo y la corrupción. Por lo visto se ha hecho muchos enemigos políticos y, probablemente, se ha echado a las espaldas la envidia y los celos de su gremio. El propio juez Garzón fue citado ante el Tribunal Supremo en tres casos diferentes. Comenzaron con el denominado caso Gürtel aunque la querella de prevaricación en el caso de la investigación por los crímenes del franquismo ya se había presentado antes. Habían fechado el caso del franquismo para después y el caso de los cursos de Nueva York como postre.
Le condenaron por el caso de las ‘escuchas ilegales’ y archivaron la causa por los cursos de Nueva York (apenas había un caso). Y en el caso de los crímenes del franquismo no le condenaron, pero se había equivocado.

Yo no soy abogado ni juez, ni soy calificado para evaluar las leyes. ¿O no? En el fondo se aproban leyes para facilitar la convivencia de personas, ciudadanos, empresas y el Estado. Siendo un hombre y ciudadano de un Estado, esas leyes me afectan y por eso puedo tener mi propia idea, ¿no? Si yo viviera en un Estado en donde se podría legalmente matar a Judíos, simplemente porque son judío, ¿me equivoco si estoy en contra de ella o es que la ley sea amoral?
Si el aparato judicial de un Estado condena al juez en vez del criminal, ¿qué deben pensar los ciudadanos?
En el tiempo de Sacco y Vanzetti los acusados tenían muy pocos derechos al parecer, ahora tienen muchos derechos. Sobre todo la alta delincuencia de cuello y corbata parece salir impune muchas veces. No es de extrañar que en todo el mundo el descontento de los ciudadanos empieza a crecer.

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