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Neruda por Skármeta

· 16 March 2013 |  by Janantoon
· Published in: poëzie · Spaanse literatuur · textos en castellano
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Antonio SkármetaNeruda por Skármeta
Antonio Skármeta, el hombre que siempre parece reír, conoció a Neruda como joven escritor. El escritor joven era Skármeta, por supuesto, Neruda ya fue el vate más famoso de Sudamérica. El poeta más conocido en Sudamérica y después del Premio Nobel de Literatura en 1973, conocido en el mundo entero. Claro, conocido sólo por todos aquellos que lean poemas. Pero desde 1994 el nombre de Neruda suena también para los cinéfilos. El éxito de Il postino de Michael Radford no sólo ampliaba el renombre de Nerudo, sino también de Antonio Skármeta. Porque la película estaba basado en su novela Ardiente paciencia. El mismo Skármeta ya había dirigido la película Ardiente paciencia, con pocos recursos, en 1983. He buscado por todas partes para poder comprar o por lo menos ver esta película en la red, pero nada. Para el papel de Neruda, Skármeta había elegido su profesor de inglés, Roberto Parada. En primer lugar porque no tenía el presupuesto para contratar a un actor de verdad, pero también por el parecido sorprendente. Encontré ese fragmento de Roberto Parada recitando un poema de Neruda. Podría ser su hermano, ¿no? Después del éxito de Il postino Skármeta cambió el nombre de su novela en El cartero de Neruda.
Antonio Skármeta, Neruda por Skármeta

memorias poéticas

De todo eso habla Skármeta en la primera parte de su libro Neruda por Skármeta. Nos presenta reminiscencias a Neruda y a personas de su entorno. Me hice pensar en las memorias de Pierre Kalfon: L’Encre verte de Pablo Neruda, si bien ese libro tiene más un énfasis en lo político.
Antonio Skármeta mira a Neruda con lentes de poeta. Sobre todo en la segunda parte, en donde empieza cada capítulo con un poema que tiene un sentido especial en la vida de Neruda o para Skármeta.
Por suerte también está el soneto XCIV, uno de mis favoritos. Ya lo he traducido en neerlandés.

Si son bellos todos los sonetos, elijo el 94 en esta muestra personal, porque fueron intensas las circunstancias en que se lo vi decir a Matilde. Era en 1983, y la represión pinochentista estaba a la orden del día. […]
Era preciso conmemorar los diez años de la muerte del poeta, y la convocatoria tenía que ser masiva. Su nombre era pasaporta de unión para muchos que pensaban distinto, pero que tenían un solo corazón contra la dictadura.
El acto “cultural” no pudo ser evitado y se celebró en el Caupolicán, un enorme estadio circular que se llenó con los pulmones de miles de personas, quienes a pesar de la cautela estratégica para que el acto alcanzara su fin, no pararon de gritar al unísono “asesinos, asesinos” a los bizarros de Pinochet.
La última en hablar fue Matilde, y viudísima y digna, con sencillez natural, asumió como un testamento de lucha las palabras que el Soneto 94 le había legado. Dijo: “Yo fui y soy la compañera de Pablo.” Y tras una breve introducción fue a lo medular de su discurso:
“Si muero sobrevíveme con tanta fuerza pura
que despiertes la furia del pálido y del frío.”

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