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Galeano, el cuentacuentos

· 16 November 2010 |  by Janantoon
· Published in: geschiedenis · Spaanse literatuur · textos en castellano
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Acabo de leer el último libro de Eduardo Galeano, Espejos. Galeano cumple setenta años en 2010 y ese periodista uruguayo se he confirmado como conciencia de Suramérica y de todo el mundo. Su libro Las venas abiertas de América Latina se ha convertido en el símbolo de la explotación de Sudamérica. En la trilogía Memoria del fuego ha escrito una historia alternativa de las Américas.
Aquí, en Espejos, nos presenta una historia alternativa del mundo, siempre con su método conocido que consiste en presentar su tema por media de pequeñas historietas.
Lo que a mí me gusta en la obra de Galeano es su énfasis en la vida de gentes normales, y en todo lo que impide la felicidad y la alegría de la mayoría de la gente. Avaricia, al afán por el poder, el placer crudo de la violencia, de la tortura, el agarrarse con celo a sus prerrogativas por los nobles, los gobernantes y los representantes de tantos religiones, el poder de la burocracia, todo esto impide el reflejo social, el sentimiento altruista, la posibilidad de actuar juntos para un mundo vivible para todos.

Galeano tiene el don de las palabras, claro. Pero sus obras no se destacan por su calidad literaria, sino por su calor humano. Pero también por su ironía, y de vez en cuando su humor un poco cínico.

Abajo se puede ver a Galeano en la feria del libro de Sevilla en 2008, presentando su libro.

La transcripción del vídeo:

Gracias por venir, aunque me doy cuenta de que vinieron porque llueve afuera y de algún modo había que protegerse. Espero que si la lluvia para, se queden igual soportándome.

Yo no soy historiador, ni pretendo serlo. Pero sí soy un curioso, un preguntón, que anda siempre buscando amigos más allá de las fronteras de los mapas y más allá de la frontera del tiempo. Porque no puedo ser compatriota de gentes nacidas muy lejos de la propia tierra y yo no puedo ser contemporáneo de gentes nacidas hace siglos o milenios.

Voy a hacer un lectura esta noche de textos de relatos del último libro que cometí, que se llama ‘Espejos’. Y quiero dedicar esa lectura a un hermano mío del alma que cometió la maldad de morirse temprano, que se llamaba y se llama todavía dentro de mí y de todos los amigos que lo quisimos, Julio Vélez, poeta de Morón de la Frontera. Es inolvidable para mí y para mi mujer Helena el momento en el que él nos abrió las puertas de su villa por primera vez hace ya unos cuantos años.

Y quiero emprender, empezar por rendir un homenaje a — después del homenaje a Julito — a la mamá de los cuentacuentos, que era una señora muy bella y que se llamaba Scheherezade.
Y allá transcurrieron las mil y una noches de Scheherezade. Como ustedes saben, había, hay un sultán que por las noches se casaba y por las mañanas se enviudaba. Y Scheherezade iba cambiando un cuento por cada nuevo día de vida.
Los contaba susurrando a la luz de la luna, y siempre mirando de reojo al sultán por si le estaba estudiando el pescuezo.
Yo siento que la maestría del arte de narrar nació del miedo de morir y que después celebró para siempre la alegría de vivir. Y que el arte de narrar tuvo mandamientos dictados por Scheherezade. Y que el primero de esos mandamientos dice: prohibido aburrir.

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